Mi padre me mostró que hay otros mundos dentro de este. El me hacia animalitos con los huevos cocidos, los huecos entre los matojos eran la boca de entrada al lugar donde habitan seres imaginarios y diminutos… adquirí la costumbre de ver detrás de lo evidente, la costumbre de imaginar, rozar la magia, la magia de la que tanto han escrito André Breton u Octavio Paz (Las peras del Olmo), el origen del surrealismo, que siempre estuvo ahí, de la poesía y del arte en general.
Mi padre me enseñó a andar.
