¿Como que no puedes más? Eso no es opcional.
Oh!, Ah!, oh!…oooooh!
Impresionante...!
No esperábamos tanto, y
estábamos totalmente cautivados.
Si… y abajo del todo
espera un barco y te lleva a los Gigantes.
La mujer que vendía los tickets
del barco me miro de arriba abajo y me dijo: “pues yo no la veo a usted como
para hacer el barranco”, me sentí ofendida y con ganas de retarla.
Los compramos y empezamos
a bajar, jajaja, esto no es nada, cuando volvamos le vamos a decir: “demasiado
fácil”.
…………………………………
De la belleza no puedo
hablar porque las palabras se quedan pequeñas y si busco otras más
grandilocuentes no encajan.
Quizás el silencio es el
que mejor podría hablar.
Tanta felicidad, sentida de
igual manera tú y yo que se multiplicaba y nos cogíamos de la mano mudos de emoción, sintiendo
que nos ensanchábamos y sin embargo nos hacíamos pequeños.
……………………………………
Teníamos tiempo de sobra
para llegar al barco, íbamos despacio parándonos, mirando arriba, al lado, con
la boca abierta y los ojos perdidos.
……………………………………
Bajábamos por el sendero
resbaladizo eligiendo cuidadosamente cada piedra saliente donde poner el pie.
Encontrábamos otras parejas,
grupos, cruzábamos el saludo y la mirada cómplice.
……………………………………
Una pareja que volvía nos
dijo:
“falta la mitad”
Más abajo, más tiempo y
mucho más cansancio…
cuando ya creíamos que
faltaría una tercera parte, alguien nos dijo:
“es
la mitad, indica 27 y la señal última es 54”.
Eso nos desmoralizo.
Más abajo, más tiempo y
mucho más cansancio…
una pareja nos dijo que
ellos venían de la playa y habían tardado veinte minutos,
Eran las cuatro, el barco
salía a las cinco y media, teníamos tiempo.
Haciendo equilibrio,
arrastrándonos, cruzando el agua descalzos…
…………………………………
Habíamos agotado nuestras
fuerzas.
Eran las seis, era de
noche, nuestro barco salió a las cinco y media sin nosotros.
……………………………………
¿Que no puedes más? ¿Cómo
que no puedes más? Eso no es opcional.
Como sea tenemos que
llegar, no podemos quedarnos aquí en el barranco, de noche, solo nos pueden
recoger los buitres.
……………………………………
Hace un rato me caí, nos
dimos un buen susto, no podía levantarme, me dolía el tobillo y la rodilla.
Tú me ayudaste y
asombrosamente ahora no me duele nada.
……………………………………
Con tabaco, sin comida,
sin bebida, con sandalias y camiseta.
Ya no encontramos a nadie.
Solos en el barranco.
No quiero ser consciente
del cansancio pero ando como una borracha desesperada, veo indicios de camino
por la montaña, subo dando traspiés, te hago subir y luego no podemos seguir y
tenemos que bajar, no tomo ninguna decisión acertada, y tú me sigues con una
sumisión dulce y desconocida, confiando en mi instinto de cabra, hago que
andemos y desandemos y en un momento determinado lloro de rabia. “no hay
camino” tenemos que seguir y no sé por dónde.
………………………………………………………………
La noche se nos ha echado
encima. Yo ya no veo, y tú tampoco, nuestras gafas de sol graduadas, ya ni con
ellas, ni sin ellas.
Hace rato que no encuentro
el camino y voy salvando las grandes piedras como puedo, concentrada por no dar
un mal paso, un paso condenatorio.
No me vuelvo a ayudarte,
desesperada por llegar.
………………………………………………………
Ahora todo está negro y
solo hay piedras, grandes piedras, piedras negras de frio negro.
………………………………………………………
Al fin veo una llanura
total, negra más negra que la propia noche, es el mar…
Veo la silueta de un barco
velero, última esperanza.
Tengo que llegar, tengo
que intentarlo. Sé que estás haciendo más de lo que puedes y creo que nunca fui
más consciente del cariño, pero no te puedo esperar, me adelanto.
…………………………………………………………
Con la linterna del móvil
hago señales.
No hay respuesta.
Trato de llamar por
teléfono.
No hay cobertura.
Comunicarme por internet.
Tampoco.
…………………………………………………………
Y no hay respuesta.
Y todo esta negro
Y solo hay piedras,
grandes piedras, piedras negras.
Frio negro.
……………………………………………………………
Pasar la noche a la
intemperie frente al Atlántico, horas y horas.
Me resisto a aceptarlo.
Subo hasta unas puertas
donde guardan cosas, buscando un refugio en la noche más negra, luchando con
los pedruscos llego a la puerta de hierro, cerrada, a otra puerta, cerrada, y
sentada en una piedra y temblando me derrumbo llorando de miedo.
Llegas tú con bebida, que
has encontrado una nevera llena, ¿es real?
Y no hay respuesta.
Y todo esta negro
Y solo hay piedras,
grandes piedras, piedras negras.
El sonido negro del mar.
Y el frio negro.
Sentada en la roca,
sollozando de rabia, de miedo.
Entonces tú dices: “mira,
viene una lancha”, echo a correr por un espigón estrecho, llego al final y
abajo, el milagro, dos personas habían venido a ofrecernos ayuda, eran los del
velero de enfrente que habían visto la señal de nuestra linterna del móvil.
Después…
……………………………………………………………
Una taza de té calentita
entre mis manos.
“Ja,
mit Zucker, danke”, dice mi querido polígloto.
Y la conversación amistosa
entre ellos, en el velero una atmosfera amable, en alemán, yo sin entender nada
pero sus voces son caricias.
Soy agnóstica pero creo en
los ángeles.